Turismo del Campo de Gibraltar

Plaza Alta

La Plaza Alta es el centro neurálgico y espacio emblemático de la ciudad. Se génesis se remonta al proyecto origen de la repoblación de Algeciras en 1724 de manos del Marqués de Verboom, que desde entonces, concibe este espacio libre de construcciones. Además de las disposiciones urbanísticas de los ingenieros militares, el que se situara en ella en fecha temprana la iglesia de Ntra. Sra. de la Palma contribuyó a que se evitara cualquier intento de cambio de uso. Ya en los planos posteriores del s. XVIII, ésta aparece totalmente consolidada y definida como plaza, y tiene un papel preponderante dentro del espacio urbano. Su urbanización, con criterio ornamental no se produce hasta el s. XIX, siendo promovida por el general Castaños quien la dedica en primer momento al valido Godoy.

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La Plaza Alta es el centro neurálgico y  espacio emblemático de la ciudad. Se génesis se remonta al proyecto origen de la repoblación de Algeciras en 1724 de manos del Marqués de Verboom, que desde entonces, concibe este espacio libre de construcciones. Además de las disposiciones urbanísticas de los ingenieros militares, el que se situara en ella en fecha temprana la iglesia de Ntra. Sra. de la Palma contribuyó a que se evitara cualquier intento de cambio de uso. Ya en los planos posteriores del s. XVIII, ésta aparece totalmente consolidada y definida como plaza, y tiene un papel preponderante dentro del espacio urbano. Su urbanización, con criterio ornamental no se produce hasta el s. XIX, siendo promovida por el general Castaños quien la dedica en primer momento al valido Godoy. Delimitada en sus lados por una balaustrada, el hecho de encontrarnos con entradas anguladas en sus esquinas, le confieren una forma octogonal singular que queda acentuada por los ocho lados del vaso de la fuente central y la colocación de ocho bancos en su perímetro. La plaza, y sobre todo el motivo central ha sufrido diferentes modificaciones y reformas hasta la actualidad. En sus inicio, se levantaba en el centro de la plaza, un obelisco de madera que pronto fue sustituido por una columna de fuste estriado. En 1926 se eliminó esta columna para colocar un pedestal con farola, y ya en 1930 se realizó la revisión actual donde destacan los azulejos de Triana (realizados por la Casa González) con motivos renacentistas y alusiones a El Quijote en los bancos y la balaustrada, y la construcción de la actual fuente con los mismos materiales, colocando un obelisco de madera en el centro con una dedicatoria alusiva al “Almirante”.
Posteriormente este obelisco al deteriorarse fue sustituido por otro de mármol rosado del Guijo. En 1926 se cambió de nuevo por una farola sobre base de ladrillos que sería la base para la fuente-farola que conocemos actualmente. El alcalde Enrique Morilla fue el promotor de la decoración con azulejos tras la exposición Iberoamericana de Sevilla en 1930.

Cabe destacar que casi recién concluida la ornamentación de la Plaza Alta encargada en 1930, se proclamó la II República quedando la monarquía y sus símbolos abolidos, razón por la que los empleados muinicipales procedieron a borrar, con gubia y martillo, las coronas de los escudos que decoran la espalda de los bancos exteriores (como puede apreciarse todavía, si el viajero pone un poco de atención en ellos).

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